sábado, febrero 26

vacuidad


Esta aquí, sentada a la orilla de un río. Reza por que algo pase en su futuro, el agua fluye pero el tiempo esta estático, el tiempo no vuela, el aire no avanza. Sus manos buscan desesperadamente el tacto, el agua esta tan lejos, aunque se vea cerca. Los arboles no se mueven, no dan frutos, en pleno invierno las ramas lucen verdes. Se siente un frío penetrante debajo de la piel y las lágrimas salen débiles de ambos lagrimales, mojan las contadas pestañas de sus ojos negros, dan brillo a sus pupilas y corren fuera, buscando un camino sobre su hermoso rostro pálido por el frio, hasta llegar a recorrer todo el cuerpo, por encima de su cuello, siguiendo por su aun cálido pecho, y bajando hasta desaparecer en su centro. 
Sus ojos se cierran, sacando a presión la ultima lágrima que se ahoga en la comisura de sus labios rojos. Extiende los brazos alto, queriendo sentir erizar sus vellos, aunque el tacto ya halla muerto.

Respira profundo, inhala un aire imaginario, delgado y vacio. Trata de imaginar la vitalidad del agua por medio del sonido, fría y voluble, corriendo eternamente  por su cuerpo; pero cuando sus ojos  se abren para reflejarse, no hay nada. Su cuerpo solo existe en la imaginacion de quienes han tocado su alma, para los demás es invisible, no hay sombras, no hay reflejos ni letras escritas en el aire. 

El tiempo se ha vuelto intangible desde ya hace algunos meses, desapareció por haber vuelto locos a todos. En algún lugar del universo se han depositado los segundos, ni siquiera el día y la noche son exactos. Los días a veces son largos, aveces las noches parecen eternas, y hay días completamente obscuros. Hay ausencia de exactitud, las rutinas desaparecieron en su mundo. 

No entiende si lo presente existe, su mente se encuentra aun en recuerdos, y al ser esta la única subsistiendo en cuerpo, lo mas factible es que el presente jamas vuelva a existir. Vive constantemente en segundos pasados, en tiempo vuelto polvo. Su alma no esta atrapada, vuela libre entre la angustia y el éxtasis, en una dimensión con pensamientos inseguros.

No tiene familia, siempre se ha tenido a ella sola, interpretando las voces externas a su juicio, pero queriendo que alguien algún día la reconociera, con ese nombre inexistente, con esas facultades creadas por la mente y en éxitos futuros invisibles. Amigas han sido sus manos, corazón y alma, aquel sentimiento ajeno que jamas le ha permitido el contacto humano.

Sentada desde ahí  por encima del tiempo, recuerda su actual vacuidad.

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