Vendrás a mi cuando toques el fondo negro del pacífico. Sabrás reconocerme entre los fantasmas cuando mires el universo en una luciérnaga. Cuando tu aliento se electrifique con mis poros y el cielo permanezca rojo sobre las montañas, nuestros segundos viajarán hacia la eternidad y dejaremos de existir abrazados en la incertidumbre.
Pero cuando abra los ojos y las plantas de mis pies ya no trasciendan el espacio hasta tu cuerpo, y cuando tu alma se vuelva un eco en mi memoria, entonces, te ahogarás en el obscuro mar de agua salada.
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